
Según cuentan la crónicas cuando los castellanos arribaron a las islas, una gran parte de éstas se encontraban cubiertas por extensas selvas y bosques.
La necesidad de desarrollo económico y social pudo cubrirse, en gran parte, con el aprovechamiento de los bosques canarios.
Tras cuatro siglos de intenso uso del bosque se produce un importante giro a través de la política de repoblación forestal que el Gobierno inicia en los años cuarenta . Con ésta se logra un incremento considerable de la superficie boscosa de pinar canario, especialmente en las islas de Tenerife y Gran Canaria , donde se reforestaron, entre 1940 y 1990, 17.000 y 9.000 hectáreas respectivamente
Actualmente la provincia occidental (El Hierro, La Gomera. La Palma y Tenerife) gozan de una superficie forestal más amplia y mejor conservada que la provincia oriental (Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura) . A grandes rasgos el pinar es el ecosistema mejor conservado, mientras que en algunas islas la laurisilva o el bosque termófilo se encuentran de forma relíctica o testimonial.
En la isla de Gran Canaria las labores de reforestación ocupan un primer lugar, con aproximadamente 45.000 hectáreas susceptibles de repoblación , la gran mayoría en terrenos de titularidad privada.
En las islas de Lanzarote y Fuerteventura permanece la duda de hasta qúe punto su degradación actual puede deberse más al proceso natural de desertización o a la influencia del pastoreo.
La orografía de las islas favorece una alta erosión que se intensifica cuando no se cuenta con el efecto protector de la cubierta vegetal. Así el 60% del territorio canario (unas doscientas mil hectáreas) sufre actualmente fenómenos de erosión, clasificándose algunas zonas como "irreversiblemente erosionadas".
Por otro lado el 40 % del territorio forma parte de La Red de Espacios Naturales Protegidos, donde se incluye el 80% de la superficie arbolada. Gran parte de estos terrenos protegidos son de titularidad privada (p.e. 49.000 has en Gran Canaria) y en general presentan un alto grado de abandono como consecuencia de sus escasa o nula rentabilidad.
El bosque y su futuro resulta más vulnerable en aquellas islas con mayor población, donde el avance del proceso urbanístico resulta casi proporcional al retroceso de las actividades tradicionales.
El principio de multifuncionalidad del bosque, aconseja el fomento de especies introducidas con alto grado de aceptación rural, de forma simultánea a la repoblación de las especies autóctona.